El mejor desafío es vencer la naturaleza y sus contingencias, aunque a todo navegante satisfaga su ego resultando ganador en competencia con otros; sea bien entendido así el deporte.
No debe confundirse tenacidad con ecuanimidad a bordo, en donde los inconvenientes, a menudo son ajenos a nuestra virtud.
Actualmente el falso triunfalismo incentivado por artera propaganda, nos induce a exceder el límite aconsejable de seguridad, tanto en lo prudente como en lo reglamentario.
Amén de cumplir al máximo las reglamentaciones respecto a su propia habilitación de despacho (y tripulantes / pasajeros), la de su barco, su palameneta, funcionamiento correcto de elementos de navegación, maniobra y salvamento, autonomía, etc. Debe tenerse en cuenta además otros muchos peligros latentes.
Preparar en un todo la derrota, instruir a los acompañantes en el viaje elegido para desarrollar, evaluar previamente los pronósticos meteorológicos y mareológicos, comunicar la zarpada a las autoridades para eventuales rescates, mantener adecuada vigilancia de elementos propios y tráfico circundante y tantas precauciones más parecen ser suficientes.
En navegación por sobre las decisiones del capitán de su nave solo queda Dios.
Sus tripulantes bien instruidos pueden ser excelentes colaboradores, pero faltarían médicos, bomberos, policías, psiquiatras, sacerdotes...ante cualquier emergencia en la cual, como lo dice claramente mi amigo y colega Capitán de ultramar y perito naval Juan Carlos Coll, debe ejercer en su nave "el ejercicio ilegal de la profesión", pues cuando regresa a puerto con el problema resulto a bordo, debe rendir cuentas como el mejor de los especialistas en cada una de las emergencias atendidas.
En este artículo se trata de concientizar al deportista en cuanto a que existen situaciones a veces poco conocidas.
Como primera medida, deben aplicarse el "Reglamento Internacional para Prevenir Colisiones en el Mar" (1972) y el "Reglamento Nacional" o sea REGINAVE (Régimen de la Navegación Marítima, Fluvial y Lacustre) y las Ordenanzas Marítimas que de esta derivan, administrado por la PNA. Este último complementa en aguas jurisdiccionales al primero, pero jamás se opone al mismo.
Estas reglamentaciones fijan las señalizaciones diurnas (conos, balones, canastos, etc) nocturnas (luces de diferentes colores, fijas, intermitentes etc) y fónicas (pito, campana, explosiones etc). Tenga en cuenta las de pedido de auxilio.
Sabido es que permiten diferenciar a barcos de distinta condición, o sea, propulsión a vela, a motor, remolques, pesqueros, dragas, etc. Y su condición de navegación, o varados, o en canales, o durante niebla, etc.
Demás está decir que su conocimiento básico para poder identificar a un tercero en el tráfico es imprescindible.