|
La
historia de UN.E.N.
Por Fernando Jorge Murillo (artículo publicado en BAB)
En 1989 la costa Norte del Río de la Plata sufría diversos
problemas: escasez ‹casi total‹ de balizamiento en el canal Costanero
y embancamiento de la desembocadura del río Luján, con un cuello
de botella en las proximidades del Km. 19.4 del citado canal.
A estos se sumaban: el Muro de Berlín submarino en ambos veriles
del canal Emilio Mitre ‹producto del dragado de esta vía de agua
artificial‹, la existencia de cascos a pique sin balizar o con
balizamiento deficiente en Playa Honda y una marcada desactualización
de los datos de batimetría y balizamiento en las cartas náuticas
utilizadas ( H-118, H-155, etc). Estos factores, unidos al incremento
de la navegación de placer en una zona de marcada inseguridad,
provocaron múltiples situaciones de riesgo y reclamos desoídos.

El
problema era común a toda la flota náutica que amarraba en la
zona Norte y que debía transitar por lugares no relevados y con
balizamientos ‹a cargo del Estado‹ deficientes o nulos. Nada peor
para quien no tenía la baquía suficiente. Y mucho menos en una
época en que todavía el GPS no era un instrumento accesible ni
popular.
En
diez años el Río de la Plata sufrió transformaciones macroeconómicas
que derivaron en la concesión de las vías troncales de navegación,
de vital importancia para el tráfico comercial de ultramar.
Pero
el canal Costanero, que fuera otrora una vía más de navegación
comercial, fue paulatinamente abandonado por los organismos del
Estado. No era ni negocio ni seguro atravesar sus pasos con los
buques areneros o con embarcaciones de cabotaje menor. Los primeros,
una vez rectificado el canal Emilio Mitre, prefirieron realizar
esa travesía y compartir las aguas con buques de gran porte. También
pagaron esa situación. Recordemos el luctuoso abordaje por popa
del buque de bandera panameña Las Bolinas al embestir y
hundir el convoy de empuje encabezado por el remolcador Itá
Curú, de igual bandera.
Este accidente, ocurrido hace poco tiempo, demostró lo peligroso
que puede ser navegar el canal Mitre con pequeñas embarcaciones
de cabotaje cuando se suma la impericia o la negligencia.
EL COMIENZO
En 1989 el comodoro del YCA, señor Juan José Jorba,
y el Presidente del Club Náutico San Isidro, Sergio A. Isla Casares,
convinieron en formar una entidad u asociación que sumara los
esfuerzos de los clubes náuticos y marinas de la zona Norte del
Río de la Plata para dar solución a los problemas náuticos y solicitar
a las diferentes autoridades nacionales apoyo para cumplir dichos
objetivos.
El Secretario Honorario del YCA, Emilio F. van Peborgh,
fue un entusiasta promotor de la idea, al igual que otros socios
de esa institución como los capitanes de navío Pedro F. Margalot
y Tulio Loza. En el Club Náutico San Isidro, el doctor Pedro Breuer
Moreno y un equipo de colaboradores también coincidieron con estos
objetivos y ambas instituciones convocaron a una reunión que se
desarrolló en el Club Náutico San Isidro el 27 de julio de 1989,
a la que fueron invitados representantes de clubes y marinas cuyas
flotas tenían los mismos inconvenientes.

Antes de esta reunión el YCA y el CNSI cerraron un acuerdo con
el entonces Jefe del Servicio de Hidrografía Naval de la Armada
Argentina, capitán de navío Manuel Guillermo Videla, a quien solicitaron
un relevamiento batimétrico especial entre el Km. 19.4 y 9 del
canal Costanero, para conocer el verdadero estado de esta vía
navegable. Esa acción tuvo también el apoyo del entonces Subjefe
del Estado Mayor de la Armada, vicealmirante Máximo Rivero Kelly,
quien además de su cargo militar tenía una dilatada experiencia
en navegación deportiva. El relevamiento se realizó con personal
del Servicio de Hidrografía y contó con el apoyo de la lancha
Petrel. Los costos extras de esa tarea fueron pagados por
el YCA y el CNSI en beneficio de todos los navegantes, finalizando
con la impresión de una carta provisoria, denominada UNEN 1, que
tuvo amplia difusión y aceptación local.
Posteriormente la información batimétrica y de balizamiento se
volcó en las cartas náuticas oficiales, hasta esa fecha bastante
desactualizadas.
LA PRIMERA COMISION DIRECTIVA
La propuesta de reunir a los clubes náuticos se concretó ‹en
los documentos‹ el 27 de julio de 1989 al quedar formada una nueva
asociación, bautizada "Unión de Entidades Náuticas” Un.E.N".
El nombre fue sugerido por "Tuti" Isla Casares del CNSI
y fue el puntapié inicial para la realización de una serie de
tareas que continuaron con el primer balizamiento por parte de
clubes: el fondeo de las boyas UNEN 1, UNEN 2 y UNEN 3, que marcó
el aguaje entre el Km. 19.4 en el arrumbamiento 146° 30’. Luego
siguieron el pintado de los pilotes 7, 8, 9 y 10, que junto con
la ex Torre Mareográfica Club de Pesca mejoraron su identificación
y ayudaron a los navegantes a cruzar el Canal Mitre con mayor
seguridad, maniobra hasta ese entonces temeraria por los inconvenientes
y peligros existentes.
El
primer Consejo Directivo estuvo formado por: Pedro F. Margalot
(presidente); Pedro Breuer Moreno (vicepresidente); Humberto Tenaglia
(secretario); Emilio van Peborgh (tesorero); Enrique Scars, Ricardo
Somoza, Luis M. Garelli, Alberto Migone y Marcos Moray (vocales).
La balsa de amarras del CNSI se transformó en pontón balizador
y con dicho artefacto se pudo fondear el muerto y la boya del
nuevo Km. 23 del canal Costanero. Luego vendría el padrinazgo
de boyas y pilotes, tales como la Pumper Nic, y la pintura de
pilotes.
El trabajo de los integrantes de UnEN prosiguió sin pausa, aunque
en reiteradas comunicaciones se dejaba constancia de que "era
mejor tener menos caciques “hayque” y más indios “yomeencargo".
Estos
dos neologismos náuticos se hicieron famosos, pero también sirvió
para que otras instituciones aportaran un valioso material humano
que permitió concretar nuevos trabajos, tales como el posicionamiento
exacto de los cascos a pique Norma Mabel y Don Alejandro,
la instalación de una torre superior en el pilote 7 y el pedido
a las autoridades de SEGBA para balizar la chimenea de la Usina
(central 7 de Dock Sud de 157 m de altura).
Todos
estos esfuerzos derivaron en la construcción de un pontón balizador,
con mayoría de materiales en desuso, que se acondicionó en el
varadero del Club Náutico San Isidro. En mayo de 1994 el pontón
sin propulsión fue botado y bautizado "Alfredo Taullard",
en homenaje a quien ayudó a dar los primeros pasos a muchos navegantes
a través de la escuela náutica del CUBA.

También
por esos años se comenzó a pensar en el aporte de "un peso
por barco amarrado en cada club", valores que sumados sirvieron
para encarar los diferentes gastos indispensables que generaba
la nueva asociación.
En
enero de 1996 se fondearon las boyas A y B de aguas seguras, demarcatorias
del cruce del canal Emilio Mitre, en proximidades del pilote 7.
El 22 de noviembre de 1996 se otorgó la personería jurídica cambiando
su denominación por "Entidad Civil Unión de Entidades Náuticas",
con el mismo espíritu de aquellos luchadores de 1989.
La
primera asamblea constitutiva con el nuevo marco legal se desarrolló
el 30 de abril de 1997. A fin de dicho año se concretó la motorización
del Pontón Alfredo Taullard, que junto con la embarcación auxiliar
a motor constituye la flota de Un.E.N. en la actualidad.

La
Armada Argentina, a través de medios y personal del Servicio de
Hidrografía Naval, al igual que la Prefectura Naval Argentina
a través de sus servicios de Aviación y Salvamento, han aportado
en diversas ocasiones una ayuda invalorable.
|